Dan con la clave de la memoria cuántica

Dan con la clave de la memoria cuántica


El iterbio, una tierra rara descubierta en 1878 que forma parte de la tabla periódica de los elementos, puede convertirse en la estrella de la comunicación cuántica porque investigadores de la Universidad de Ginebra han descubierto que sus características permiten almacenar y replicar la señal cuántica con mucha rapidez e integridad.

Este hallazgo, publicado en Nature Materials,  podría establecer las bases de una red cuántica mundial, según los investigadores, ya que el iterbio no sólo es capaz de almacenar y proteger la frágil información cuántica, sino también de operar al mismo tiempo a frecuencias altas.

Estas características convierten al iterbio en el candidato ideal de las futuras redes cuánticas, cuyo objetivo es propagar la señal (la información) a largas distancias a través de repetidores cuánticos seguros.

Uno de los desafíos actuales de la comunicación cuántica, que representa el futuro del intercambio seguro de información a través de las redes, consiste en crear memorias capaces de almacenar la información cuántica transportada por la luz (fotones).

Por este motivo, los científicos se centran en la fabricación de memorias cuánticas capaces de repetir la señal capturando fotones y sincronizándolos entre sí, con la finalidad de difundirlos cada vez más lejos. Lo que faltaba era al material adecuado para fabricar estas memorias cuánticas.

“La  mayor dificultad consiste en encontrar un material capaz de aislar a la información cuántica transportada por fotones,  para poder retenerlos un segundo y sincronizarlos entre sí”, explica uno de los investigadores, Mikael Afzelius, en un comunicado.

La idea es encontrar un material bien aislado de las perturbaciones del entorno, pero al mismo tiempo capaz de funcionar a altas frecuencias (que permiten almacenar y restituir al fotón con rapidez), dos características que normalmente resultan incompatibles.

Aunque en la actualidad existen prototipos de memoria cuántica testados en laboratorio, principalmente a base de otras tierras raras como el europio o el praseodimio, su velocidad, sin embargo, no es todavía muy alta.